El informe del detective

Cuando la prueba se convierte en el activo más valioso de la empresa

Ineva Detectives

1/26/20263 min read

El informe del detective
El informe del detective

El informe del detective: cuando la prueba se convierte en el activo más valioso de la empresa.

En el mundo de los negocios, una sospecha es solo el inicio de un problema; una prueba bien obtenida es, en cambio, el final del mismo. Sin embargo, en la práctica diaria de los departamentos de Recursos Humanos y Compliance, existe una línea peligrosamente delgada entre una investigación que resuelve un conflicto y una que lo agrava. El éxito de una intervención no reside únicamente en "pillar" al infractor, sino en la capacidad técnica y legal del detective para que ese hallazgo sobreviva al examen de un juez.

Más allá de la observación: la importancia del rigor formal.

A menudo, la dirección de una empresa comete el error de ver la investigación privada como un servicio de información puro. Pero, bajo el marco de la Ley de Seguridad Privada (5/2014), un detective no es solo alguien que observa; es un perito que documenta. La normativa es tajante: cada investigación debe nacer de un interés legítimo y cristalizar en un informe único.

Este documento no es un simple relato de hechos. Es un instrumento procesal. Si el profesional no respeta principios básicos como la proporcionalidad o la idoneidad —conceptos que a veces resultan abstractos en el despacho, pero cruciales en el juzgado—, la empresa no solo perderá el caso. Se expondrá a demandas por vulneración de derechos fundamentales que pueden costar mucho más que el fraude que se intentaba atajar.

El riesgo de las pruebas "contaminadas".

Imaginemos un caso típico de competencia desleal o de fuga de información estratégica. El detective logra las pruebas, pero en el proceso invade espacios que la ley considera reservados o utiliza medios técnicos no autorizados. El resultado es la nulidad de la prueba. Para la empresa, esto supone el peor de los escenarios: el empleado o socio desleal queda impune, y la organización queda señalada por mala praxis.

La profesionalidad en este sector se mide por la capacidad de decir "no". Un buen detective es aquel que asesora a la empresa sobre qué se puede investigar y hasta dónde se puede llegar, garantizando que el informe final sea un blindaje, no un agujero en la línea de flotación de la compañía.

El valor de la ratificación judicial.

Un aspecto que suele pasarse por alto en la estrategia corporativa es la solvencia del detective como testigo cualificado. La ley le obliga a ratificar su informe ante el juez. En ese momento, la coherencia del trabajo realizado, la trazabilidad de las evidencias y la integridad del profesional son los únicos activos que cuentan.

Para un directivo, contratar investigación privada no es "comprar información", es contratar seguridad jurídica. Un informe bien elaborado permite tomar decisiones drásticas —como despidos disciplinarios o querellas criminales— con la certeza de que el suelo que pisan es firme.

Claves para el mando directivo.

Para quienes gestionan organizaciones, la lección es clara:

  1. Exigir trazabilidad: El informe debe ser un reflejo fiel y legal de la realidad, sin atajos que comprometan la validez judicial.

  2. Cero tolerancia al intrusismo: Trabajar con personal no habilitado no es un ahorro, es un suicidio legal. Solo los detectives con TIP vigente ofrecen las garantías que exige la Ley 5/2014.

  3. Análisis de proporcionalidad: Antes de iniciar cualquier vigilancia, asegúrese de que la medida es necesaria y de que no existe otra forma menos intrusiva de obtener la prueba.

En última instancia, que un detective haga bien su trabajo no es una cuestión de astucia, sino de cumplimiento normativo. En el entorno corporativo actual, donde la transparencia y el compliance lo son todo, la investigación privada solo tiene sentido si se ejecuta con una pulcritud técnica absoluta. No hay margen para el error cuando lo que está en juego es la integridad de la compañía.